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Mostrando entradas de enero, 2012

LA TORMENTA

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Era un invierno tupido. En mi auto, me dirigía hacia el sur. Paulatinamente, el día se convertía en noche. Nubes grises y negras venían a mi encuentro, me rodeaban, me tragaban. 
Mientras la mayoría de autos pasaban raudos a mi lado en dirección contraria, yo me dirigía directo a la tormenta. 
Pronto los vientos me alcanzaron, los árboles se inclinaban en agonía, el granizo rebotaba estruendosamente en la caparazón que me protegía. 
Sí, era ella, la guerrera de espasmos luminosos.
Y allí estaba yo, como siempre, dirigiéndome hacia el centro de la tormenta, sin vacilar, sin volver a ver atrás, sin salirme del camino. Sin tiempo ni ganas para retroceder, dispuesta a enfrentar la furia y el caos. 
Una metáfora de la vida.

EL MOMENTO MÁS FELIZ

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Era una mujer extremadamente pobre. Como prostituta, era la más pobre entre las pobres, la de la ropa raída, la de la joroba pesada, la de la higiene tardía. Por zapatos, unas ginas.

Cuando quería cagar, atrás de un automóvil era buen lugar, ante la mirada sorprendida de los transeúntes. Era tan pobre que no tenía un lugar privado en qué cagar.


Sin embargo, siempre andaba buscando al "Capitán", como lo había bautizado ella misma: era el perro callejero del barrio. 


Lo buscaba y le deba unas sobras que no se sabe de dónde salían. Entonces, su rostro se iluminaba y hablaba a quien quisiese escucharla, comentando el buen apetito del apaleado animal. 


Así era: cuando compartía lo poco que tenía, ese era el momento más feliz del día.

EL PUNTO FINAL

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Esta era una mujer que venía sola desde hacía mucho tiempo. Había pensado que los puntos finales los debe poner cada persona y que el suyo llegaría en el momento que su hijo alcanzara la adultez. Pensaba que los finales deben ser elegibles y no quedar a la mano del azar.
Cuando el tiempo se acercó, tuvo un sueño en el que seres de luz le anunciaron jocosamente que, aunque ella lo creyera, este no era el final; en realidad, este era un principio. Despertó con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Qué haría con tanto tiempo por delante. 
Se hacía muchas preguntas: principio de qué, si muchas situaciones habían finalizado, si los tiempos parecían estancados, si por más que proyectaba y luchaba, todo se le resistía. 
Su hijo se acercó y sabiamente le dijo que este era solamente la mitad de la vida, que se olvidara de él y pensara en nuevas metas por alcanzar, qué más quería, qué más deseaba alcanzar. Hacia allí debía ir. 
La mujer ha arrullado en su mente a la otra mujer suicida que …